Tremendidad

@DaneilDomenech // “Tremendo”, se repetía de manera continuada un rapaz tras de mí. Era el 2-0, y nadie nos creíamos lo que estaba pasando. El jolgorio nos invadía a todos. A todos, menos él. A él era la ‘tremendidad’ lo que le había invadido en ese momento.

Así y a primera vista, yo, sinceramente, le cascaba unos 14 o 15 años. El típico así con bigotito de “frenazo de bicicleta”, que diría mi padre. Más o menos, y así para que nos entendamos, en un punto medio entre la madurez y la gilipollez. Ahí estaba. Una edad complicada, y donde a los chavales y a las chavalas les resulta difícil alcanzar un punto medio en sus valoraciones de la realidad: o la puta hostia, o una puta mierda. Pero no, nunca hay término medio.

Pues, bueno, como iba diciendo, ese chaval estaba en estado de ‘tremendidad’. Pasaban los minutos, y ahí seguía en su delirio. No se lo creía. Estaba realmente maravillado. Anonadado. Fantaseando.

Y lo mejor de todo, es que acabó el partido, y el rapaz lo seguía gozando todavía. Incluso, se me arrancó con unas palmas mientras se repetía a sí mismo un enérgico “¡vamos, vamos!” varias veces. A ese chaval se le veía jodidamente maravillado, asombrado. Mas, ciertamente, yo en parte, también lo comprendo. No todos los días puedes ver uno de los inicios de liga más ilusionantes de los últimos años (yo lo metería con el de la 2015/16, ese también fue rematadamente ilusionante).

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Mohamed el sincero

@DaneilDomenech

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Fotografía Antonio Mohamed: RC Celta

Enrique Ballester: “El Castellón es una excusa para ser moderadamente felices”.

@DaneilDomenech // Hará ya una semana que pasé por Castellón. Íbamos mi novia, su padre y yo en el coche. El objetivo estaba claro: intentar aparcar, comer y llevarme a la estación para coger el tren que me llevase de nuevo a Murcia en una hora. Todo eso en sesenta minutos. Misión casi imposible contando que yo entraba en la ecuación (no he conocido espécimen humano más lento que yo todavía).

Pues, bien, dentro del ambiente de agobio y prisas que se gestaba en aquel coche, se me ocurre preguntar: “¿y por dónde para Castalia?”. Yo creo que se juntó todo: las prisas, el estrés y que el padre de mi novia es de Vila-real, pero tal y como os explico, la respuesta fue: “a esta gente se les está cayendo el estadio, y un día va a pasar una desgracia”. Todo eso seguido y aliñado por un: “me alegro de que hayan ascendido, pero que no se vengan muy arriba tampoco. Lo han pasado muy mal estos años”.

Yo, no sé si lo sabíais, pero soy de Murcia. Yo he mamado al Real Murcia desde que era pequeño y siempre me han hablado de ese buen rollo con la gente de Castelló. Siempre. Así que, bueno, dentro de mis medios y posibilidades, y tras conocer esta historia, intenté contactar con alguien que pudiese explicarme bien todo lo que había ocurrido estos años por Castalia. Alguien así con carisma, pero que no se vaya a quedar calvo dentro de poco. Rápidamente, pensé en Enrique Ballester, así que aquí va una pequeña entrevista con él. A ver qué tal.

ENTREVISTA

Es increíble las vueltas que te puede dar la vida. De jugar una final de
Copa del Rey frente al Athletic de Bilbao, a enfrentarte al Recambios
Colón un sábado por la tarde en Aldaia. ¿Usted cree que alguien en su
sano juicio, allá por 1973, se imaginó que se podía dar esta situación?

La historia del Castellón es una montaña rusa con más valles que picos.
En ese equipo de la final de Copa había al menos un futbolista, el
capitán Luis Cela, que había jugado con el Castellón varias temporadas
en Tercera. Si bien es cierto que entonces no existía la Segunda B,
quiero decir que el Castellón ya había vivido situaciones de poco
dinero, mala situación deportiva y coqueteo con la liquidación. Las
épocas felices en Primera realmente han sido más excepción que norma,
por lo que la fuerza del Castellón ha estado y está, sobre todo en la
última década, en la capacidad para remover lo identitario más que en la
lluvia de promesas de éxito. Por eso el club batió su récord de abonados
de siempre en el peor momento deportivo, en Tercera. Dicho lo cual, si
se gana, pues mejor.

Evidentemente, desde los setenta han pasado muchas directivas,
bocadillos de calamares y domingos a la solana, pero, centrándonos ahora
en los años más recientes, ¿cómo se llegó a la situación que se llegó?

Hubo una mezcla de malicia e incapacidad a todos los niveles,
evidentemente larga de explicar. Desde la propia directiva hasta la
representación política o el tejido empresarial. Se dejó de ponerle
gasolina al coche y básicamente se le empujó al barranco sin frenos. El
descenso administrativo de 2011 estuvo envuelto por un capazo de
intoxicaciones y medias verdades. La mayoría de aquel consejo de
administración está siendo investigado a raíz de la denuncia de los
pequeños accionistas de Sentimiento Albinegro. Una de las conclusiones
del informe pericial es que el descenso no se evitó porque no se quiso,
porque el club tenía recursos para hacerlo. Es una decisión inexplicable
desde el punto de vista empresarial. Ojalá algún día sepamos los porqués.

¿Cuál fue el momento más vergonzoso y bochornoso de este periplo en 3ª
división? ¿La rueda de prensa de Frank Castelló en un bar tras ser
destituido en nochevieja, por ejemplo?

Esa fue de las que no se olvidan, pero seguro que hay alguna peor. Más
allá de lo futbolístico, personalmente ver de cerca los impagos a
futbolistas y empleados fue duro, porque hubo gente que lo pasó mal de
veras.

¿Y el de más orgullo? ¿El día de la invasión de Castalia frente la Peña
Sport, por ejemplo?

La semana de homenajes a Dragomir Racic fue muy bonita. El saque de
honor en el estadio fue el momento más emocionante que recuerdo en Castalia.
La invasión mostró el potencial de una grada libre de presiones ajenas y
bien organizada. Tardaremos en verla. Cuando el club está en una
posición fuerte, le gusta tener esas cosas controladas, y creo que se
equivoca porque un foco de crítica sana y constructiva nos hace a todos
mejores.

¿Cómo fue la 2013/14? ¿Cómo fue de real el miedo a descender?
No somos conscientes de lo cerca que estuvimos de bajar. El equipo se
enredó de mala manera en una espiral peligrosísima, con secuencias de
auténtico bloqueo mental. Por fortuna, una carambola en la penúltima
jornada evitó el drama de jugársela a domicilio en la última. Miro
aquellos meses y recuerdo una angustia absoluta porque bajar a Regional
Preferente era prácticamente el Game Over.

Leí incluso que durante estos años se les ofreció a los futbolistas
cortes de pelo y comida gratis porque no tenían dinero “ni para clinex”.

Hubo salarios muy bajos. Durante varias temporadas en Tercera, el
Castellón competía con una masa salarial inferior a bastantes rivales
del propio grupo. Muchos jugadores, sobre todo de entornos cercanos y de
la provincia, han priorizado estos años jugar en el Castellón a ganar
más dinero por ahí fuera, y es algo a agradecer desde mi punto de vista.

Podríamos decir, que a diferencia de en otros casos, la gente de
Castellón nunca se rindió. El Castellón no murió, porque Castellón no
quiso que muriera. Como un acto de resistencia y heroicidad. ¿Cómo de
determinante fue el papel que jugó la afición en la salvación del equipo?

Creo que el papel de la afición, especialmente durante los veranos de
2011 y 2012, fue fundamental en el sentido de hacer ver a la clase
política local que el Castellón importaba de veras, que era un símbolo
de la ciudad que representaba a mucha gente muy diferente entre sí, y
que no podían mirar hacia otro lado. Para evitar la desaparición fue
clave convertir al Castellón en un problema político.

Y, bueno, ya para acabar: un deseo para este año.

No quedarme calvo. Buenos ratos en Castalia. Que el Castellón sea lo que
debería ser el fútbol: una excusa para ser moderadamente felices.

Santiago y la bandera

@daneildomenech // Estaba en Santiago. El sol quedaba entrerejillado por las nubes grises que con él convivían en el cielo. Paseaba yo por la calle, cuando mi atención de niño de 9 años se focalizó plenamente en una bandera celeste que quedaba escondida entre la puerta de una marisquería y un balcón. Yo, en ese momento, no tenía ni idea de qué era. Y mi padre, en la infinita sabiduría que yo pensaba que atesoraba, me respondió diciendo que esa bandera era del Celta de Vigo (matizar que yo ni soy gallego ni nací en Galicia, soy murciano; aunque mi padre sí que lo sea).

Por aquel entonces, sabía que el Celta era un equipo de fútbol, pero poco más. No sabía ni de dónde eran, ni dónde jugaban, ni siquiera de qué color jugaban (perdonad mi ignorancia de nueve años, era muy tontillo). Así que durante los días venideros en Santiago, me obsesioné con seguir buscando distintivos celtiñas por las calles. No sé, lo que fuese: banderas, pegatinas, camisetas… aunque, muy a mí pesar, no encontré nada. Solamente una bufanda de punto azul clarita que ponía “Celta” en sus dos extremos. Y, bueno, tras repetidos lloriqueos y pataletas, conseguí que mi padre sacase de la cartera los 6 euros que costaba, y me la comprase. 

Dicen que los mejores amores son los que no te esperas, los que vienen solos. Y, posiblemente, este matrimonio con el Celta, ha sido de las mejores cosas que me han pasado en la vida.

Como Quique Peinado camino a Balaidos

@DaneilDomenech // Serían las doce del mediodía de ayer. El sol me daba en la coronilla mientras con paso decidido avanzaba por la Rúa de Venezuela hasta casa. No estaba muy ortodoxo yo en esos momentos. Sandalias marrones y una camisa de estampados que bien podría llevar Quique Peinado para salir a comprar el pan un sábado por la mañana.

Es en ese momento noto en mi pierna un impulso que me obliga a mirar el móvil. Como bien indica su nombre, las notificaciones emergentes en la pantalla de bloqueo del móvil, me notificaron algo, concretamente, de que estaban hablando por el ‘puto grupo’. Otra vez. No tenía ganas de mirarlo. No. Sabía que sí me metía, mi ‘yo interior’ me obligaría a leer los 93 mensajes, y no quería. No quería. No quería. No quería, pero lo acabé haciendo. Algo, la verdad, completamente predecible, pero bueno…

El primer mensaje decía tal que así: “ey chavales vamos al movie antes del partido (eso de la puntuación no lo tenía muy claro el chaval)”. Simple, pero elegante. Efectivo, a pesar de su brevedad. Y, si os digo la verdad, ese WhatsApp de 8 palabras me hizo más ilusión que cualquier Estrella fresquita que me pudiese echar a la boca.

Fue leer ese primer mensaje, y saber el porqué de tanto WhatsApp. Saber que volvía ‘el puto Celta’ a Balaidos, y que la ocasión merecía una previa a la altura. El debut liguero pedía a gritos cerveza, y la cerveza nos pedía a nosotros (para bebérnosla, claro). El Celta lo merecía. Todos merecíamos un poco de cerveza en esa momento. Y, si me apuras, el partido incluso merecía un poco de  cerveza.

Y, bueno, lo único que quería decir con todo esto es que calma. Es la primera jornada, todo tiene que engrasarse todavía. La maquinaria tirará, pero no en agosto. Por lo tanto, yo propongo disfrutar de los últimos días del verano junto al fútbol, a nuestro Celta y unas cervecitas en el Movie. Vuelve LaLiga, y eso hay que celebrarlo.

Hugo el romántico

@daneildomenech // Es complicado mezclar romanticismo y dinero en una sola frase. Me atrevería a decir que imposible, sin importarme incluso la hora del día a la que me lo preguntes. Son disyuntivas contrapuestas. No es fácil ser un romántico, y mucho menos, si ese amor no es amor, sino mero populismo. Y, ojo, dependiendo de la hora del día a la que me lo preguntes, diría que no me refiero a nadie en concreto, pero para qué engañarnos, sí que lo hago.

No es fácil ser un romántico en estos tiempos venideros, y menos en las idas y venidas del mundo del deporte. Es entonces, pues, cuando aprendes a diferenciar quién sí y quién no merece la pena. Mirar más allá del futbolista para centrar la vista en la persona. Igual que cuando llegas a los dieciséis y aprendes a saber con quién compartir, o no, la mezcla del botellón. El tiempo nos hace madurar y nos vuelve unos románticos.

Es por eso que aprendí a valorar a quien realmente se lo merece. Y es que, joder, es cierto, te has merecido que te diga un “este cabrón es de los nuestros”, ¿sabes, Hugo?

Fotografia: Seyei

El Gran Derbi: Visión verdiblanca (Parte 2)

@FriquisV // No soy sevillano ni guardo vínculo alguno con la ciudad de Sevilla, como varios miembros de Friquis Verdes. Y si me decanté por el Real Betis Balompié fue por la forma de vivir el fútbol que tiene la gente aquí.

El derbi no es un partido. No son 90 minutos. No es una rivalidad de tres puntos. Se vive a diario y en cualquier situación: tomándote una cerveza en un bar, en tu trabajo o comprando el pan.

Odiamos al eterno rival, pero no podríamos vivir sin ellos. En un país donde la dualidad Madrid – Barça lo domina casi todo, nos encanta que existan reductos como la ciudad de Sevilla donde Cristiano o Messi importan una mierda. Donde si vas a un bar y pides que te pongan en la tele el clásico, te dicen que te vayas a verlo a Alcorcón.

Da igual la situación clasificatoria, la dinámica. Da igual todo. Esté como esté tu equipo y aunque a veces se diga la contrario no es un partido más. Es el partido. El día en el que culmina lo que vives 24 horas durante 365 días.

Creo que en el fondo nos admiramos y nos respetamos. Y que esta rivalidad, el luchar por tener más gente que el otro equipo en tu estadio, el viajar a todos lados para animar a los tuyos y mostrar con orgullo lo que eres y lo que defiendes, nos hace más grandes a los dos y nos diferencia de la mayoría de equipos de este país.

Y sobre el momento actual, el sábado tenemos la ocasión propicia de dar un golpe en la mesa. De reivindicarnos. De sentir que merecemos saborear el caviar después de más de una década de comer sobras. Y nos dejaremos la garganta y el alma por conseguirlo. Por demostrar que, aunque socialmente jamás hemos dejado a nuestro club, por fin deportivamente hemos vuelto. Y ojalá que por mucho tiempo.

El Gran Derbi: Visión verdiblanca (Parte 1)

@jorgegonex // Tal vez la palabra difícil se quede corta para transmitir más allá de la Giralda lo que es un derbi en Sevilla. Habría que explicar la rivalidad de ambos clubes, remontarnos en la historia más de cien años atrás y posiblemente necesitaríamos también un centenar de páginas para explicar por qué.

La relación entre Real Betis y Sevilla FC es como la de dos hermanos que constantemente son comparados por sus padres. Competitivos y siempre enfrentados pero con una historia común. Los pasos de uno dificilmente podrían entenderse sin contextualizarlos con los del otro.

Quizás eso es lo que otorga dimensión al enfrentamiento. No son solo noventa minutos. No es un partido. El derbi sevillano es vida.

Lo es porque lo que ocurre durante ese tiempo no termina con el pitido final. Sigue en las vidas de los aficionados hasta el siguiente. El vencedor se lo recuerda al vencido a cada instante. En un saludo, en el trabajo, al comprar el pan… cuando el árbitro pone fin al enfrentamiento da inicio al partido entre aficiones y estas a su vez se lo transmiten al equipo alimentando las ganas de volver a enfrentarse.

Porque en esta ciudad, a veces de forma injusta, el éxito de un hermano acrecenta los fracasos del otro. Y de eso sabe mucho el Betis que tras mucho tiempo entre las sombras, ahora brilla para resurgir de sus cenizas cual ave Fénix como ya hiciera en la mágica noche de reyes devolviendo el equilibrio al balompié sevillano.

Y que nadie se olvide. Es el Gran Derbi. Con más repercusión a orillas del Guadalquivir que cualquier clásico entre clubes mastodónticos. Porque el derbi sevillano no es solo fútbol, forma parte de la vida de la ciudad. Tal vez por eso es especial. Porque es el partido que nunca termina.

“Ahora, los niños van al colegio con camisetas del Girona. Algo ha cambiado”

Pasear como forma de vida. Pasear como forma de descubrir la vida.

Hace unos años ya que adopté la manía -extraña o no- de pasear antes de ver el fútbol. Me gusta ver y descubrir un poquito de la ciudad en la que juega mi equipo el fin de semana. Procuro llegar unas horas antes para conocer el lugar y, sobre todo, descubrir su gastronomía (hostia que si la descubro). Y hace unas semanas decidí ir al sur de Los Pirineos, concretamente, a la ciudad de Girona. Y, aunque fui a hacer una entrevista, pasee. Sí, me di un paseo. Joder que si pasee.

De todo me encontré en mi travesía. De gente con cara de no haber roto un plato en su vida, a informales pero no mucho que vestían un polo típico de matinal de domingo. De todo, ya te digo. Pero no, no fue eso lo que colmó mi atención. Ni siquiera la tremenda catedral que se levantaba portentosa en el centro de la ciudad. No. La verdad es que todos mis sentidos se centraron en un balconcito que vi, ciertamente, mientras paseaba. En él, una bandera de rayas rojas y blancas, como con un circulito en medio. Fue ahí cuando comprendí el fenómeno fútbol y lo que este había significado para la ciudad de Girona.

Decidí entonces preguntar a Iván Quirós por más, más sobre este ascenso del Girona FC a Primera División, sobre lo que esto había significado para la ciudad.

¿Qué significa para la ciudad de Girona su equipo de fútbol? ¿Cómo ha cambiado el concepto en los últimos años?

En Girona ha cambiado muchísimo. Hasta hace pocos años, la gente no se había dado cuenta de que se puede subir a primera división. Estando en segunda, tampoco había mucho movimiento de gente. De hecho, aquí, como en segunda división no venía la gente, se dedicaron incluso a bajar el precio de las entradas, incluso a regalarlas. Devaluaron el producto hasta llegar a un punto de que la gente de Girona no iba al campo si no era gratis. El año del ascenso, un año en el que se va segundo toda la temporada, había algún partido en el que éramos 2.000 personas en Montilivi. Y eso, ya te digo, fue cosa de hace un año. Con el ascenso a segunda cambió la cosa, pero el verdadero cambio no llegó hasta que se vieron con capacidad de subir a primera.

¿Y eso del ascenso ha repercutido en el tema de crear más afición, es decir, se ha creado una base social que, aunque suponiendo que el Girona baje el año que viene, se seguirá manteniendo en segunda división?

Sí, de cualquier equipo que sube a primera, al final, siempre algo queda. Atraes a mucha gente de la provincia, eso es importante. Ahora, con el resultado de ayer, el equipo ya tiene la permanencia, prácticamente, hecha. Hombre, si se vuelve a descender, no creo que haya las entradas de 2.000 y 3.000 personas que habían el año pasado. Siempre habrá un poquito más.

Todas estas teorías que surgieron años atrás de que “el Girona no sube a primera división porque no quiere, no le conviene. O ahora que al Girona no le conviene meterse en Europa. Todas estas cosas…

Yo tengo una opinión sobre eso, y es que son tonterías, chorradas. ¿A qué equipo, cobrando 4 millones de euros en derechos televisivos, no le va a interesar ascender a primera cobrando el año que viene 30 millones de euros más? Yo creo que ninguno. Quieren todos. Que el equipo estuviese o no mejor preparado, o la afición o todo, ahí lo puedo entender. Pero, que no se quiera ascender, no tiene lógica ninguna. La única explicación que puedo verle, es en el año aquel del Lugo, en el que el equipo estaba en proceso de venta, y claro, no es lo mismo comprar un equipo en primera que en segunda división. Por precio. Pero yo creo que los jugadores quieren subir. Tú piensa que el sueldo de un jugador aumenta casi el doble, pero ya por contrato. Hay unos mínimos en primera y no puedes cobrar menos de ese mínimo. Ya por económicamente, deportivamente, por fichar por otro equipo, por lo que sea, les interesaba ese ascenso.

Y en cuanto a lo de Europa, sí que es verdad que hay equipos que se han visto muy pronto jugando tres competiciones y han descendido a segunda. Ese es el miedo que quizás yo le veo a la gente, pero si llega, oye, adelante, es una experiencia más. Quién dice que en una eliminatoria no te mandan a casa, ¿qué desgaste tienes esa temporada?

Siendo Girona una de las ciudades más pequeñas de primera división, es la capital de provincia más pequeña de Catalunya, ¿cómo se consigue ese ascenso? Porque no es lo mismo, evidentemente, trabajar con el Betis, por ponerte un ejemplo, que tiene casi 50.000 socios que trabajar con el Girona. ¿Cómo se ha conseguido, dónde está la clave del éxito del ascenso del Girona?

Para mucha gente lo fácil sería hablar de la mano del City o el dinero del City. Que ellos han propiciado eso. Claro que habrá servido en el tema de renovaciones y tal, pero yo creo que el noventa por ciento es de la gente que estaba el año pasado en segunda. Es la importancia de un proyecto que ha salido super bien, porque Machín, al que no se le puede decir nada, con un estilo propio, un método de juego, nos ha acostumbrado a ganar casi siempre. También es clave el papel de Quique Cárcel, fichando jugadores cada temporada. Empezó con un presupuesto bajísimo en segunda, no sé si era el segundo o tercero más bajo en la categoría en cuanto a límite salarial se refiere. Además, acertando con fichajes de segunda b, como es el caso de Granell o de Aday. Sí que es verdad que Aday llevaba media temporada jugando en el Tenerife, pero estaba jugando en segunda b la anterior.

Muchos jugadores que nadie conocía, o por los que nadie daba un duro, y que han funcionado. Y luego, mira. Creer en un proyecto, hacer las cosas bien. Aunque yo creo que viene más de la gente de segunda división, que es donde estábamos hace unos meses.

Tanto geográficamente, porque ahora Girona es una ciudad situada en el mapa, como ya le pasó Vila-real en su día, tanto económicamente, como mediáticamente, ¿qué ha supuesto este ascenso?

Hombre, el ascenso a primera, como cualquier equipo que no ha estado nunca en esta categoría, pues supone eso: potenciar el tema económico, el nombre de la ciudad. Girona ya tenía mucho reconocimiento por turismo, pero ahora se asocia con el club. Mucha gente no sabía dónde estaba Girona, y te lo digo porque yo he ido a Andalucía y les hablas de Girona y te preguntan “¿dónde está eso? No sabían ni ubicarlo en el mapa. Ahora saben localizarlo perfectamente, y además, el Girona está siendo así un poco como el equipo de moda este año. Ahora mismo es como el equipo revelación, porque ir séptimo a estas alturas… Y eso, la verdad, habrá potenciado económicamente a la ciudad por la afición que viene. Luego, a nivel mediático, el estar de moda en primera pues hace que se hable mucho del Girona y, bueno, todo es positivo. Para la ciudad, para el club, para todos.

Y después de muchos años intentando este ascenso a primera división, llega la temporada pasada y se consigue. ¿Cómo fue eso, ese momento exacto de decir “joder, estamos en primera división”?

Hombre, la verdad es que la temporada empezó de manera complicada. Después de dos años seguidos luchando por ascender directamente y quedarse a las puertas, es doloroso. Nosotros decíamos, si nos quedamos en playoff, no ascendemos. Tiene que ser por ascenso directo. Y, la verdad, otra temporada sin subir hubiera sido ya catastrófico, porque yo creo que más de un jugador se hubiera largado. Seguro. Ya por cambiar de aires, o lo que sea. Ya le pasó a Becerra, que llevaba tres playoffs jugados aquí sin conseguir el ascenso en ninguno de ellos, y se fue a otro lado. Él mismo lo dijo. Igual, no sería ni por temas económicos. Cambiar de aires y ya está. Y aquí había jugadores que ya el golpe moral de otra temporada sin subir hubiera sido catastrófico. Y más después de cómo fue la temporada, todo el año segundos.

Nosotros íbamos ya un poco más preparados que el año del Lugo, basicamente por eso, porque ya llevabas otras tres temporadas intentándolo, pero bueno, en el momento del ascenso fue una sensación estupenda. Es que ya te digo, hace unos años, era impensable. Yo cuando era pequeño decía: “¿te imaginas jugando al Girona contra el Barça? Y te decían “venga, va. Eso es imposible”. Y al final, ha sido posible, encima, jugando, disfrutando, y haciéndolo bien.

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